sábado, 13 de diciembre de 2014

Diez de nuestras aves podrían desaparecer antes de una década


De las 1.903 especies de aves del país, 122 están amenazadas de extincion.

Colombia es el país con la mayor biodiversidad de aves del mundo. Aquí viven 1.903 especies, una cifra récord con la que el territorio supera, con bastante margen, a países como Brasil o Perú.

Pero, lamentablemente, un poco más del 6 por ciento de esas especies (122) están amenazadas de extinción.

Así lo indica la más reciente publicación de la Fundación Proaves, llamada Estado de las aves en Colombia, que hace un balance de este grupo taxonómico, que según el Instituto Alexánder von Humboldt, es el más estudiado de nuestro medio.

Lo más delicado de este diagnóstico es que el 40 por ciento de las aves que están dentro de esta categoría de amenaza son endémicas, es decir, son exclusivas del país, no se ven en ningún otro lugar del mundo. Los colibríes, loros, tángaras, paujiles y tororois son las familias que tienen el mayor número de especies en la lista roja. Y como ocurre con bastante frecuencia, somos los humanos los mayores responsables de esta situación.

Según la investigación, son al menos 12 las causas de la desaparición de las aves. La más importante es la deforestación de los bosques, motivada por el avance de la agricultura, la ganadería y los cultivos ilícitos.

Se suman la caza, la llegada a ciertos lugares de especies invasoras y la ausencia de zonas protegidas. Y es que las regiones donde hay más presencia de especies en riesgo, no están cobijadas bajo ninguna figura de protección. “El crecimiento económico asociado al crecimiento del país, está estrechamente relacionado con la degradación ambiental”, dice la investigación.

“Usualmente, entre más desarrollada está una región, la transformación del paisaje y la contaminación alcanzan niveles importantes”, agrega el documento.

Precisamente por esto último es la región Andina donde están los mayores atentados contra las aves, una zona donde habita la mayoría de la población colombiana y en la que se producen los más importantes avances en urbanización. De las 122 especies en máximo riesgo, 83 viven en esta región.

De las diez aves más amenazadas en Colombia, que tienen además el rótulo de ‘En peligro crítico’ y que podrían extinguirse antes de 10 años, cinco dependen de los páramos.

Una de las situaciones más graves la vive la Sierra Nevada de Santa Marta, incluso dentro del parque nacional natural del mismo nombre, donde el pastoreo de ganado, entre otras amenazas, ha dañado el ecosistema y la supervivencia de tres especies: el ala de sable (Campylopterus phainopeplus), el cucarachero de Santa Marta (Troglodytes monticola) y el barbudito azul paramuno (Oxypogon cyanolaemus). Este último es un colibrí que ha sido afectado, además, por los incendios no controlados que afectan con mucha frecuencia la Sierra y que han destruido sus fuentes de alimentación.

Otra especie en grave situación es el gorrión montés paisa (Atlapetes blancae); descrita por el ornitólogo inglés Thomas Donegan a partir de tres ejemplares encontrados en los museos de historia natural de la Universidad de la Salle y de la Universidad Nacional. Tras varias expediciones a su localidad típica, San Pedro de los Milagros, un municipio de Antioquia, no se obtuvieron indicios de su presencia. El zamarrito del Pinche (Eriocnemis isabellae), otro colibrí, único de la Serranía del Pinche, en Cauca, también está en máximo peligro. Apenas fue descubierto en el 2007 por los ornitólogos Alexánder Cortés Diago y Luis Alfonso Ortega, que lo vieron dentro de un páramo. Su pequeño hábitat está bajo la presión de los grupos armados ilegales, los cultivos de coca, la tala y la agricultura extensiva. Se suma a ellas el tororoi de Urrao (Grallaria fenwickorum)

Las restantes cuatro especies sufren situaciones muy similares.

Oswaldo Cortes, director de investigación de Proaves, sugiere –ver entrevista– que para reducir el impacto sobre las aves se debería ampliar la efectividad de las zonas de reserva y unir el esfuerzo de varias para formar corredores biológicos.

Un ave acorralada

Chamicero del Perijá (‘Asthenes Perijana’), de la Serranía del Perijá, ubicada entre Norte de Santander, Cesar y La Guajira, sufre por la destrucción de su hábitat. El 98 por ciento de las selvas tropicales de esta zona han sido destruidas por la expansión agrícola.

Única del Cauca

Zamarrito de Munchique (‘Eriocnemis mirabilis’), solo ha sido registrado en El Tambo (Cauca), en el parque nacional Munchique. También en la reserva Mirábilis de Proaves. Le gustan las zonas húmedas y está adaptado a una vegetación única.

Nadie lo ha visto vivo

Al periquito del Sinú (‘Pyrrhura subandina’), nadie lo ha visto vivo. Solo se puede ver en dibujos.
El conflicto armado ha frenado expediciones para encontrarlo. Viviría en el cerro de Murrucucú (Córdoba), pero también se ve en el municipio de Tierralta.

Especie muy ‘paisa’

Arrierito antioqueño (‘Lipaugus weberi’) se restringe a los bosques del piedemonte de Anorí y Amalfi (Antioquia). Sobrevive exclusivamente en dos reservas: La Forzosa (Corantioquia) y El Arrierito Antioqueño, de Proaves.

‘El agua que tomamos en las ciudades depende de nuestras aves’

Oswaldo Cortés, director de investigaciones de la fundación Proaves y uno de los ornitólogos que más ha estudiado y ‘perseguido’ a las aves del país, opina que, desde el Gobierno y sus instituciones, hacen falta políticas de protección y control a las amenazas que perjudican las poblaciones de pájaros, esto a pesar de que son el máximo tesoro de la biodiversidad nacional. “Esa responsabilidad, irónicamente, está siendo asumida por organizaciones internacionales, privadas, fundaciones o por el esfuerzo aislado de personas”.

¿Por qué es importante para un país como Colombia ser el más biodiverso del mundo en aves?

Porque, que existan tantas especies de aves, indica que Colombia tiene, también, una enorme variedad de ecosistemas. Sin las aves, bosques secos, húmedos, de niebla, humedales, en fin, no podrían estar en buen estado y las comunidades no tendrían acceso a agua o alimento. Las aves son clave para mantener en buen estado nuestros recursos biológicos.

Cualquier persona podría pensar que tener el 6 por ciento de las aves en peligro de extinción es una cifra muy baja...

De ninguna manera. Con que exista una sola especie de ave en peligro, muchas otras que estén asociadas a ella, o a los ecosistemas donde habitan, también lo estarán. Las aves son un grupo taxonómico complejo, cuyas especies dependen entre sí. Sin ellas no habría dispersión de semillas o control de plagas.

Se habla de que las aves de la zona Andina están entre las más perjudicadas. Incluso, en Bogotá se dice que el copetón, una especie simbólica, está en crítico estado.

Lo del copetón no es cierto.

Cuando salimos a hacer conteos, siempre se ven 20 o 30 ejemplares. En cambio, en Bogotá sí hay otras especies que realmente están en crítico estado, como la tingua bogotana, el cucarachero de pantano, la alondra cornuda o el doradito tropical, azotados por la destrucción y contaminación de los humedales, porque el agua residual que les cae favorece el crecimiento de plantas como el buchón, en donde además se reproducen ratas que se comen nidos y pichones. La tingua sí debería ser el ave símbolo de Bogotá; hay muchos extranjeros que viajan al país solo a buscarla.

¿Cuál puede ser una estrategia de choque para proteger a las aves?

La ampliación de zonas protegidas para formar corredores y con esto favorecer su reproducción y frenar su aislamiento. Y que el Gobierno haga equipo con organizaciones de la sociedad civil para hacer más control y programas de conservación.

JAVIER SILVA HERRERA
EL TIEMPO

Fuente http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/ciencia/aves-en-via-de-extincion/14969216

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